De la nada

Convocar una manifestación contra algo que no existe sólo puede tener dos explicaciones: o es producto de la paranoia esquizoide de sus promotores (algo de eso hay), o tiene la intención maquiavélica de fabricar de la nada aquello contra lo que se protesta. La cabalgata de ayer, sin diálogo con ETA y con el índice de detenidos más alto de la democracia, tiene esta segunda función proactiva de producir una realidad.

La estrategia comunicativa es muy del estilo episcopal: lanzar invectivas contra el demonio para hacerlo existir. Nada nuevo, por tanto, en la comunicación de la derecha, tan inspirada en los púlpitos milenarios, sin duda la mejor escuela de persuasión del mundo.

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